NACE UNA ESCUELA PARA TODAS LAS EDADES
Un espacio para promover el disfrute,
la felicidad y el encuentro.
Por Sol Rodríguez Maiztegui

Siempre me gustó crear comunidades. Desde adolescente. Mi mamá no hay día de mi onomástico en que no les recuerde a mis amigas —hoy ya adultas— que, en mis veintis, un 1 de marzo, llegaron a celebrar mi cumpleaños más de 100 personas. Ahora que soy mamá puedo empatizar con su insistencia: “¿Cuántas personas vendrán a tu cumple, María Sol?”. “Ni idea, má. Invité a los del COV, la escuela, la familia, a los amigos de los amigos… ¡ja!”.
En tiempos de teléfonos de línea inalámbricos —en el mejor de los casos—, de discman y tortas de hojaldre con dulce de leche, un centenar de personas para un cumpleaños cualquiera era una locura. No sé cómo lograron mis padres sobrevivir a mi don de la sociabilidad. De lo que sí estoy segura es de que el corazón siempre fue grande; la comida y el espacio se multiplicaban como por arte de magia.
Hoy, a tres años de cumplir 50, comprendo que entramar personas, reunirlas en torno a conversaciones que me potencien e inviten a dar cuenta de la belleza de la diversidad humana, es parte de mi vocación.
En mis reuniones nunca faltan personas de todas las edades. Sin ir más lejos, en la “Peñapaloozaaa” que organicé en casa el pasado 10 de abril hubo desde mi sobrino de un año y medio hasta Vicente, de 80. Nunca faltan las personas que cantan, tocan algún instrumento, narran su vida como una aventura de película, apoyan, sostienen, sonríen, acompañan, comparten, ofrecen, sirven, aprecian, cocinan, prenden el fuego, juegan, escuchan, se ríen o regalan chistes. Son los espejos en los que me gusta reflejarme.
Hace unos días anoté en un post-it amarillo: “Compartir mi patio de juego”. Es un recordatorio que pegué justo en el marco de la ventana de mi oficina. Me orienta cuando mis pensamientos intentan desviarse hacia las narrativas de la escasez, de las comparaciones, en definitiva, del miedo.
Mi casa tiene la llave puesta del lado de afuera. El living es una sala enorme, con sillones de todos colores, muebles usados y resabios de la infancia de mis cuatro hijos: peluches, libros, pelotas de todo tipo, una cocinita de juguete y un frondoso stock de disfraces que hoy disfrutan mis sobrinos pequeños.
El Club de la Porota nació así: jugando, celebrando la vida. Nunca tuvo una sede fija. Siempre fue una propuesta nómade, itinerante. Hasta esta semana.

Kumelen 360° – una escuela para todas las edades
Ayer, 7 de mayo, inauguramos junto a Kumelen Escuela un espacio de encuentro para personas adultas y mayores de Córdoba, en el corazón de la ciudad, dentro del Parque de la Biodiversidad. Kumelen es la escuela de mis hijos. Es mi familia. Es mi patio de juego. Es ese lugar donde volví a encontrar a las personas de mis cumpleaños.
No la hace excepcional solamente su impronta educativa, tampoco su nombre —que en voz mapuche significa “Estar Feliz”—, ni su mirada biodiversa o su pedagogía constructivista. Lo que la hace especial es el modo en que yo elijo narrarla, verla y apreciarla. Es lo que puedo encontrar en cada una de las personas que, a diario, hacen la escuela. Entrenar la mirada para apreciar lo que hay.

Gabriela Trucchia es una de las fundadoras. Ella fue quien, el 1 de marzo de 2011 —día en que llevé por primera vez al jardín a mi hija—, me acompañó en el llanto de mamá primeriza que sentía que entregaba su mayor tesoro a completos desconocidos. Hoy es mi amiga y me sigue acompañando.
Susana Báez es otra de las fundadoras. De ella aprendí la pasión por los espacios al sol. Escucharla narrar cómo la vida es un perfecto entramado de amor, emociona.
Gisela Pulitano es la directora del Nivel Inicial de la sede que Kumelen tiene en Camino San Carlos, en la zona sur de la ciudad de Córdoba. Ella fue la maestra que mi hija mayor tuvo en sala de 3, 4 y 5 años. La recibía a upa, le cambiaba los pañales, la acunaba con chupete y le ayudaba a dormir la siesta cuando tenía sueño. Gise siempre fue de talla pequeña; esa bebé hoy le lleva dos cabezas. Y se siguen cruzando. Y se siguen abrazando.
A Verónica Gámez ya la conocen. He hablado mucho de ella en este espacio. Ella es la directora de la primaria. Una amiga. Vero cambió en mí la creencia con la que había crecido sobre las directoras de escuela. Los niños y niñas de Kumelen la buscan para hablar, resolver conflictos, compartir descubrimientos y abrazarla. Vero es guardiana de la comunicación no violenta, artesana de formas de amor aún poco conocidas.
Marcela Piumetto es la directora de la secundaria. Hace poco la entrevistamos junto al equipo de comunicación de la escuela. Se me llenaban los ojos de lágrimas al escucharla hablar de los estudiantes. En su narrativa, solo palabras de amor. “Los estudiantes Kumelen son empáticos. No sabemos lo que es el bullying. Se ayudan entre sí, comparten espacios, dialogan y juegan sin importar el año o curso al que pertenecen. Se acompañan y contienen y, ante algún dilema o conflicto, buscan ayuda para resolverlo”. Marcela habla de los adolescentes Kumelen con el mismo amor con el que habla de sus propias hijas.
Nano Theiler y Ana Ramos son los representantes legales de la escuela. El nombre de su cargo no los define en absoluto. Son quienes gestionan. Los que hacen posible que la escuela funcione. Los que realizan el trabajo invisible y fundamental de lograr que todas las partes de una institución se fusionen de la mejor manera posible. Creo que además son los más valientes, porque tienen que mirar el bosque sin perderse en los árboles. Todo un arte. Fusionar con todos. Empatizar con todos: estudiantes, familias, staff docente y no docente, proveedores, fundadoras, profesionales externos, vecinos.
Dejé a Eugenia Marconetto para el final, adrede.
Con Euge nos conocemos poco. Mis hijos no coincidieron con su dirección en el Nivel Inicial de la sede que Kumelen tiene en el Parque de la Biodiversidad. Ella fue la gran entusiasta detrás de la propuesta de gestar junto a El Club de la Porota una escuela para todas las edades. Kumelen 360° fue una idea que hoy se materializa no solo gracias al apoyo de la escuela y sus referentes, sino también gracias a Euge y a su energía expansiva. “Sol, ya hice los souvenirs. Vamos a armar cinco mesas, doce sillas, abriremos la puerta de la sala, haremos tortas y traeremos café para todos. Esta es la canción con la que vamos a cerrar…” Euge es energía qué avanza, confía, construye.

Pienso que quizás de eso se trata también El Club de la Porota. De entrenar la mirada hacia lo que hay, hacia lo que hubo. De cambiar la vista del punto.
Mis cumpleaños multitudinarios de adolescente, las mesas largas e intergeneracionales, las personas de todas las edades mezcladas en un mismo patio, las conversaciones infinitas, las canciones, los abrazos y la sensación de que siempre entraba alguien más no quedaron atrás. Todo eso siguió creciendo conmigo. Hoy entiendo que El Club de la Porota nació también ahí. En esa manera de habitar los vínculos. En esa necesidad profunda de entramar personas y gestar comunidad. Y quizás por eso Kumelen 360° y esta idea de una escuela para todas las edades se siente tan natural.
Porque una escuela para todas las edades no empieza en un edificio ni en un proyecto institucional. Empieza cuando las personas logran encontrarse de verdad. Cuando alguien abre la puerta. Cuando una conversación cambia la narrativa hacia las infinitas posibilidades de habitar la vida desde la abundancia.
Ayer, en el Parque de la Biodiversidad, sentí algo conocido. Como si aquellos cumpleaños de mis veinte años hubieran encontrado una nueva forma de existir.
Más serena.
Más consciente.
Y con el mismo corazón enorme de siempre.

Sumate a los encuentros abiertos y gratuitos para personas adultas y mayores
Este año seguiremos sosteniendo, junto a Kumelen Escuela y El Club de la Porota, este espacio presencial de encuentro, conversación y comunidad en la sede del Parque de la Biodiversidad. Con cafecito de por medio en Kumelen Escuela(Rondeau 798)Próximos encuentros: Jueves 4 de junio, 2 de julio, 6 de agosto, 3 de septiembre, 5 de noviembre y 3 de diciembre. Siempre de 16 a 18 hs. Gracias por ser puntuales. Actividad gratuita | Cupos limitados. Inscripciones en las redes y canales de El Club de la Porota (Cel: 3513260243) y Kumelen Escuela.
