¿Y si nos detenemos a escuchar?
¿Cuántas veces hemos escuchado a las personas quejarse de los “viejos”? ¿Cuántas veces hemos desoído la demanda de atención? En esa queja, en esa desestimación de la angustia se esconde un lugar común difícil de desarmar: el de infantilizar la vejez.