ILUMINAR LA VIDA: el poder de las historias que elegimos contar
Por Sol Rodríguez Maiztegui
7 de junio, día de las y los periodistas
A días de un nuevo Día del Periodista, una reflexión sobre las historias que contamos, los sentidos que construimos y la necesidad de poner luz sobre aquello que también crece, conecta y da sentido a la vida.

A pocos días de un nuevo Día del Periodista, vuelvo a pensar en el enorme privilegio y la responsabilidad que implica narrar la vida de otras personas. Después de más de una década dedicada al periodismo especializado en vejez y envejecimiento, sigo convencida de que las historias no solo describen la realidad: también ayudan a construirla. Por eso, cada vez me interesa menos contar únicamente lo que falta y cada vez más descubrir aquello que permanece vivo, crece, conecta y merece ser visibilizado.
Cada 7 de junio, cuando celebramos el Día del Periodista, vuelvo a preguntarme para qué contamos historias. Para qué hago lo que hago en El Club de la Porota.
Hace unos días releí La rueda de la vida, de Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004), la médica psiquiatra nacida en Suiza que revolucionó la manera en que el mundo comprende la muerte, el duelo y el acompañamiento al final de la vida. Después de escuchar durante décadas a miles de personas en sus últimos días, llegó a una conclusión tan sencilla como profunda: cuando las personas miran hacia atrás, rara vez hablan de dinero, prestigio o reconocimiento. Hablan de los afectos. De los vínculos. De las experiencias compartidas. De aquello que les dio sentido.
Y entonces me pregunté: si eso es lo que verdaderamente importa al final de la vida, ¿por qué tantas veces elegimos narrarla desde otro lugar? Vivimos inmersos en una cultura que parece entrenada para detectar lo que falta. Lo que no alcanza. Lo que salió mal. Lo que todavía no tenemos. Una cultura que alimenta permanentemente la sensación de insuficiencia.
No somos suficientemente jóvenes.
No somos suficientemente exitosos.
No somos suficientemente productivos.
No somos suficientemente bellos.
No somos suficientemente importantes.
Y tampoco parecemos envejecer de manera suficientemente correcta.
La neurociencia nos ayuda a comprender parte de este fenómeno. Sabemos que nuestro cerebro posee un sesgo de negatividad que lo lleva a registrar con mayor intensidad las amenazas, las pérdidas y los problemas que aquello que funciona bien. Es un mecanismo ancestral de supervivencia. Pero cuando esa tendencia se convierte en la única lente desde la cual observamos la realidad, comenzamos a vivir en un estado permanente de carencia.
Quizás por eso las narrativas regenerativas resultan tan necesarias. No porque nieguen los problemas. No porque propongan una mirada ingenua o edulcorada de la realidad. Sino porque nos invitan a ampliar el foco. A mirar también aquello que está vivo. Aquello que crece.Aquello que funciona. Aquello que conecta. Aquello que nutre.
En definitiva, a reconocer la abundancia que convive cotidianamente con las dificultades.
Desde hace años, en El Club de la Porota intentamos hacer justamente eso. No ignorar las sombras, sino también iluminar la luz cotidiana. Esa que aparece en una conversación compartida, en una amistad que nace a los ochenta años, en una persona que vuelve a estudiar, en alguien que descubre un nuevo propósito, en una comunidad que se organiza para acompañar a quien está solo, en una persona mayor que sigue enseñando, aprendiendo, creando o soñando.
Porque cambiar la vista del punto no significa negar la realidad. Significa animarnos a mirar también lo que hay. Las potencialidades. Los recursos. Los vínculos. Las capacidades. La experiencia acumulada. La posibilidad de seguir creciendo y contribuyendo a cualquier edad. Significa recordar que la comunidad es el recurso y que las personas no somos un problema a resolver, sino historias en movimiento, energía vital y posibilidades.

Pienso en las últimas notas publicadas en Hoy Día Córdoba y en nuestra página web, www.elclubdelaporota.com. Historias que hablan de vínculos, creatividad, participación, sentido, nuevas oportunidades y vejeces posibles. Historias que buscan visibilizar deseos, proyectos, búsquedas, aprendizajes y personas completas, vigentes y protagonistas de sus propias vidas. Historias que no desconocen los desafíos del envejecimiento, pero que tampoco quedan atrapadas en ellos.
Hace muchos años escribí una nota titulada Periodista de la vejez. Allí intentaba poner en palabras algo que recién comenzaba a descubrir: que hablar de vejez no consistía únicamente en informar sobre jubilaciones, enfermedades o dependencia. Significaba también contar deseos, proyectos, aprendizajes, búsquedas, contradicciones y transformaciones. Significaba narrar personas completas, vigentes, capaces de seguir creando, decidiendo, enseñando, aprendiendo y soñando.
Con el tiempo entendí que ese también era un acto profundamente político. Porque aquello que nombramos existe. Y aquello que invisibilizamos termina desapareciendo de la conversación pública.
Tal vez por eso hoy, más que nunca, siento que el periodismo tiene una enorme responsabilidad. No solamente la de denunciar injusticias o señalar problemas. También la de ayudar a construir sentidos. La de ampliar horizontes. La de ofrecer relatos que nos permitan imaginar otros modos de vivir, de vincularnos y de envejecer.
Después de releer a Kübler-Ross, confirmé una intuición que me acompaña desde hace años: las personas solemos recordar aquello que nos hizo sentir vivas. Quizás el mejor periodismo sea, precisamente, el que nos ayuda a reconocer esa vida mientras todavía la estamos viviendo.
MEMBRESÍA EL CLUB DE LA POROTA

El Club de la Porota invita a sumarse a la Comunidad de El Club de la Porota, una membresía destinada a personas adultas que desean encontrarse, conversar, compartir experiencias y habitar la edad desde una mirada centrada en las posibilidades. La propuesta incluye encuentros virtuales, comunidad de acompañamiento, materiales para recorrer a ritmo propio y actividades vinculadas a la cultura de la longevidad, los vínculos, la creatividad, el propósito y las narrativas regenerativas. Más información a través del código QR o al +54 9 3513 26-0243.
CONMEMORACIÓN ARTÍSTICA Y CULTURAL
La Comunidad de Bien-Estar para Personas Mayores, junto al Teatro Ciudad de las Artes, la Universidad Provincial de Córdoba, Bancor y organismos provinciales y municipales, invita a participar del Acto Artístico Cultural organizado en el marco del Mes del Buen Trato hacia las Personas Mayores. La actividad propone promover una mirada basada en los derechos, la participación y la inclusión, y es gratuita y abierta a toda la comunidad.

ENVEJECER EN COMUNIDAD

La Incubadora de Políticas Públicas (INPPAR Argentina), a través de su ciclo Hablemos de Salud Mental, invita a participar del encuentro “Envejecer en comunidad: salud mental, autonomía y buen trato”, que contará con la participación de la comunicadora social, gerontóloga y periodista especializada en vejez Sol Rodríguez Maiztegui. La actividad se desarrollará en vivo a través de Instagram.
LA REVOLUCIÓN DE LAS VIEJAS
La Revolución de las Viejas Córdoba invita a participar de la “Mateada por la Memoria”, un encuentro organizado junto a la Colectiva Ex Presas Políticas para compartir experiencias, reflexiones y conversaciones vinculadas a la memoria, los derechos humanos y la participación social de las personas mayores. La actividad se realizará en la sede de ATE Córdoba y está abierta a toda la comunidad interesada.
