CUANDO EL CEREBRO SE SIENTE SOLO: las neurociencias y la soledad no deseada
Un recorrido por los efectos del aislamiento prolongado en el organismo y una invitación a pensar los lazos humanos como parte fundamental del bienestar cotidiano.

En el marco del Congreso sobre Soledad No Deseada que se desarrolló esta semana en nuestra ciudad, El Club de la Porota participó de dos paneles: uno representado por Sol Rodríguez Maiztegui y otro por el Dr. Jorge Leal, psiquiatra e investigador en neurociencias. Nos pone muy felices que Jorge se sume a este camino compartido, aportando su experiencia, sensibilidad y mirada profesional. Por eso, con el deseo de celebrar la expansión y el crecimiento colectivo, compartimos este texto maravilloso que ayuda a comprender algo que en El Club de la Porota venimos sosteniendo hace años: la vida se disfruta, se sostiene y se transforma en comunidad.
Agradecemos especialmente a la Municipalidad de Córdoba, al Instituto de Planificación Municipal (IPLAM) y a la Universidad Provincial de Córdoba por haber hecho posible este congreso y, sobre todo, por generar espacios de encuentro, reflexión y construcción colectiva.

Por Jorge Leal,
especial para El Club de la Porota
Imagine por un momento un cálido atardecer en la sabana africana. De pronto, la tensión estalla entre un depredador y su presa. En ambos se activa la respuesta al estrés agudo: la frecuencia cardíaca y respiratoria se disparan, los sentidos se agudizan y el metabolismo cambia. Todo el organismo se prepara para la lucha o la huida; es supervivencia en estado puro. La clave de este mecanismo evolutivo es su capacidad para activarse y desactivarse rápidamente una vez que el peligro pasa.
Ahora imagine a una persona que se siente sola y cuyo contacto con los demás disminuye de manera progresiva. Su pensamiento comienza a transformarse: surgen ideas intrusivas, anticipatorias y catastróficas. El entorno empieza a percibirse como un lugar hostil, lleno de amenazas que van desde ser víctima de un delito hasta el temor profundo al rechazo o al abandono. Aparecen sesgos cognitivos que condicionan el razonamiento, desencadenan emociones negativas y aumentan la angustia.
¿Qué une y qué diferencia a estas dos situaciones? Ambos escenarios comparten la misma respuesta biológica al estrés agudo. Sin embargo, la diferencia radica en nuestro cerebro más evolucionado: el córtex prefrontal. Esta estructura nos permite abstraer, fantasear y elaborar conceptos, pero también perpetuar miedos. El cerebro vive cada representación mental a través de emociones que siente como reales.
Así, el mismo mecanismo que en la sabana salva vidas gracias a su rápida respuesta, en nuestra civilización se ha vuelto menos necesario y, por el contrario, predomina en forma de una activación crónica y de baja intensidad. Sostenido en el tiempo, el estrés crónico deja de protegernos y comienza a enfermarnos: altera ejes neurohormonales, parámetros metabólicos, el sistema inmunológico y la neuroplasticidad, afectando también el funcionamiento del cerebro.
El cerebro humano está diseñado para la conexión. De hecho, la exclusión social “duele”, ya que comparte circuitos neuronales con el dolor físico: las mismas regiones cerebrales que se activan ante una quemadura también se encienden frente al rechazo social. Inicialmente, ese dolor funciona como una señal útil de que algo no está bien. Sin embargo, a largo plazo, el estado neuroinflamatorio asociado a la soledad reduce la neuroplasticidad, dificultando el aprendizaje y la adaptación.
En este contexto, los sistemas de recompensa y apego comienzan a desconectarse. Disminuye la sensibilidad a la oxitocina —la hormona del vínculo—, lo que vuelve al cerebro más desconfiado y suspicaz. La persona desarrolla un sesgo atencional: interpreta gestos neutros como hostiles y entra en un estado de hipervigilancia que, paradójicamente, termina alejando a los demás. La anhedonia resultante reduce la motivación para interactuar, el sueño se fragmenta y las habilidades sociales se deterioran por falta de uso.
Este círculo vicioso entre desconexión neuronal y retraimiento social ayuda a explicar por qué la soledad no deseada -especialmente en personas mayores— puede cronificarse y convertirse en un factor de riesgo para la salud comparable al tabaquismo o la obesidad.
No se trata de una condena inevitable ni de una simple falta de compañía. La soledad no deseada implica también un cambio neurobiológico. Y allí aparece una dimensión esperanzadora: así como el cerebro puede transformarse negativamente, también puede hacerlo en sentido inverso gracias a la neuroplasticidad.
Comprender este proceso nos da la posibilidad de intervenir sobre nuestra biología a través de diferentes estrategias, pero sobre todo fortaleciendo los vínculos humanos. Necesitamos reconstruir el tejido social mediante roles significativos, programas intergeneracionales, tecnologías más amables y toda iniciativa orientada a generar vínculos reales, valiosos y sostenibles.
Porque, en definitiva, lo esencial sigue siendo lo mismo: la solución es colectiva.

Un abrazo especial para Teti
Hoy queremos aprovechar este espacio para enviarle un abrazo enorme a Catalina “Teti”, lectora fiel de Hoy Día Córdoba y compañera de ruta de El Club de la Porota desde hace muchísimos años. Teti es de esas personas que leen, acompañan, comparten y sostienen comunidad aun sin saberlo. De esas lectoras que nos recuerdan que del otro lado siempre hay alguien esperando una palabra, una reflexión o una historia que haga sentir menos solos.
Gracias, querida Teti, por estar, por leernos y por abrazar esta sección con tanto cariño desde hace tanto tiempo. Este pequeño saludo es también una manera de celebrar los vínculos que nacen alrededor de la comunicación y que, con el tiempo, se transforman en compañía real.

“Ascochinga”: una propuesta gratuita para emocionarse en el Teatro Comedia
Este fin de semana, el Teatro Comedia volverá a abrir sus puertas para recibir “Ascochinga. La vida todavía”, la obra del Elenco Municipal de Danza Teatro dirigida por Julio Bazán y Gustavo Luna. Habrá dos funciones con entrada gratuita hasta agotar capacidad: el viernes 22 a las 18 y el sábado 23 a las 20, en el Teatro Comedia (Rivadavia 254).
Los tickets podrán retirarse dos horas antes de cada presentación. La propuesta aborda temas profundamente humanos como la memoria, el paso del tiempo, la migración y las transformaciones del cuerpo, a través de una experiencia escénica sensible y poética construida desde el movimiento, las imágenes y la emoción. Desde El Club de la Porota celebramos especialmente aquellas propuestas culturales que invitan a mirar la vejez desde nuevos lenguajes, con sensibilidad, belleza y humanidad.
