Cuando la vejez es una obra de arte

“Reconozco mi vejez como la mejor etapa de mi vida, demostrando que llegar a viejo es un trofeo de vida”, dice Malu y sus palabras lo son. Hoy es quien quiere ser. A sus 74 años y tras una vida gris, como la define, ha logrado desplegar su potencia y pintarla de colores tan intensos y bellos como sus murales. Desde México recibimos su historia y la compartimos con ustedes. Te presentamos la décimo octava historia en este registro de vejeces que hemos dado en llamar “Voces mayores”.

Cuando la vejez es una obra de arte

Soy conocida como la maestra Malu, nací en México D.F. hace 74 años. Para platicarles mi vida tuve que hacer un recuento de daños y de luchas. Es una historia de resiliencia porque fui recuperando muy lentamente mis pedazos para poder reinventarme otra vez.

Mi infancia, no obstante vivir rodeada de lujos, viajes, buenas escuelas, maestros particulares y sirvientes, no fue nada fácil. Las cuestiones familiares me marcaron y fortalecieron. Aproveché mis estudios y me destaqué en una habilidad que se convertiría en la pasión de mi vida, la pintura. Estudié para contadora pública y antes de terminar la carrera me casé, tuve seis hijos y comencé una vida gris, de obligaciones, privaciones y dolor. Mi único hijo varón no aguantó y a los 17 años se fue de mi casa y no lo volví a ver hasta después de 30 años. Se casaron las hijas muy jóvenes y tuve 13 nietos. Siempre fui la proveedora del hogar, trabajé en la costura y pintando cuadros hasta que cumplí 60 años. En un pleito legal con la familia política perdí mi casa y emigré a Oaxaca a esperar el fin, tenía la falsa idea que entrando a la tercera edad todo terminaría.

Pero justo ahí comenzaría una segunda oportunidad, fui invitada a una exposición colectiva y por primera vez supe de aplausos y halagos. Presenté exposiciones en Oaxaca, México y Querétaro, con una obra pictórica de 36 cuadros al óleo. Me quedé y me radiqué en Ezequiel Montes, un municipio de Querétaro.

Ahí empecé a trabajar como muralista en escuelas del gobierno y particulares, pintando más de mil murales. Gané varios concursos como “El viejo y el Mar”, “Estatal de Ecología”, “Carta a mi nieto”, “Juegos Olímpicos del Adulto Mayor” y otros. Empezaba a darme cuenta de que era capaz de hacer y ganar grandes cosas

Mi situación conyugal no fue buena, cumplí 50 años de casada y ante más violencia, busqué ayuda al Instituto Municipal de la Mujer. Con atención legal y psicológica pude decir basta, recobré valores y amor propio, cambié mi obra por mi libertad.  Y aprendí que nunca es demasiado tarde para intentar recuperar la propia vida.

Hoy soy independiente, trabajo para el municipio, alfabetizando y enseñando manualidades a los adultos mayores, soy cuenta cuentos, sigo pintando murales y colaboro como enlace en los programas gubernamentales de beneficio social.

Debido a la actual situación me recluí en mi casa y para distraerme ingresé a las redes sociales. En la plataforma de Tik Tok abrí una cuenta subiendo contenido educativo cultural con mucho éxito. Demostrando así que los adultos mayores también podemos participar. Doy clases gratuitas por Zoom a los seguidores, en su mayoría mujeres y niños de los que recibo bendiciones y mucho cariño.

Mi proyecto de vida sigue en curso, tengo mucho que dar y pongo todo mi entusiasmo para llevarlo a cabo. Reconozco mi vejez como la mejor etapa de mi vida, demostrando que llegar a viejo es un trofeo de vida, pero vivirla al máximo, es ganarlo.

La vida es un regalo que todos podemos disfrutar, envejecer es un privilegio negado a muchos y tú la puedes convertir en una obra de arte haciendo que la vida de los años, importe más los años que los años de vida.

 

 

María De Lourdes González Aranda, 74 años, México. 

#VOCESMAYORES – Registro Federal de Historias +60

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