Fiesta: ¡celebremos la vejez!

“Me gustaría derribar el mito de que tienes que ser joven para tener voz”, sentenció una tal Michaela Angela Davis en un video que vimos en clase por YouTube. Y coincido.

El sábado pasado me invitaron a festejar los 70 años del esposo de una amiga. ¡Lo que me divertí! ¡Lo que nos divertimos! Sentí que el tiempo se detenía por unas horas y que los achaques de mis pares desaparecían con la música, las charlas, los abrazos, las miradas y la típica frase “estás igual” ¡JA!, ¡Por supuesto que no estamos iguales! El tiempo no es uniforme, anacrónico y desvitalizado. Todo lo contrario, el tiempo es un eterno presente marcado por un paso que deja huellas.

Me arrepentí de no haberme puesto mi vestido con brillos. Por miedo al “qué dirán” me privé de sentirme como Tina Turner, bella diva setentosa y de todos los tiempos, a la que admiro profundamente. Debo confesar, con un dejo de vergüenza, que poseo unas piernas envidiables, gracias a los años que le dediqué al baloncesto.

En la semana siguiente, tras la fiesta y mi clase de yoga, me quedé pensando en cuán equivocadas estamos las personas cuando cometemos el error de promover miradas tan injustas, prejuiciosas y violentas como desnaturalizadas, sobre todo, respecto de la vejez. La belleza no es un atributo de la juventud. En todo caso, de ninguna edad. ¿Qué es la belleza?, ¿Quién o quienes definen qué es bello?

En fin… preguntas que seguiré amasando hasta que halle una respuesta que me encaje. Mientras, quiero contarles todo lo que bailamos y disfrutamos en la fiesta.Con excepción de algunos niñ@s y personas entre 30 y 40, el resto promediábamos los 65 y 70 años. La mayoría de las mujeres estábamos subidas a zapatos de punta y, a excepción mía, todas habían coincidido en usar vestido. Algunas lucían sus faldas apenas por arriba de la rodilla en tanto otras se animaron al largo. ¡Y no al largo de géneros volátiles! Al largo bien apretadito. Los hombres en cambio, lucieron más uniformados, usando el típico traje. Sin embargo muchos de ellos variaron en los colores, comenzando por el cumpleañero, que portaba un ambo bordó tornasolado que deslumbró a más de un@. Patricia, su esposa y mi amiga, no se quedó atrás; su vestido turquesa con bordados al tono generó grandes adulaciones.

En medio de la cena, varios se animaron a tomar el micrófono para cantar o contar chistes. Me quedé sorprendida cuando identifiqué a uno que interpretó “Twist and Shout” de los Beatles. Se trata de Juan Carlos, quien supo ser amigo de mi marido Pompeyo ante que se enamorara de mí, hace casi 40 años atrás (historia que les contaré en otro momento). Lo cierto es que, llena de regocijo, recién me fui a dormir a las 4 de la mañana. Había logrado sentirme nuevamente hermosa,llena de vitalidad, con ganas de vivir experiencias que hace años había dejado de disfrutar. Ya no fui la señora sentada en una silla mirando cómo los demás se divertían, añorando la belleza de la juventud o abrazando con nostalgia el tiempo que pasó. Fui otra Porota. Descubrí una mujer intensa que deseo seguir conociendo. Quizá en esta segunda oportunidad resida la respuesta a mis preguntas, quizá la belleza no es lo que los demás dicen u opinan, sino en aquel estado de ánimo que nos ayuda a sentirnos únic@s y especiales en todo el mundo.

“Múltiples investigaciones han mostrado que las personas mayores poseen elevados niveles de bienestar, felicidad y satisfacción vital. En comparación con grupos de menos edad, presentan mayores niveles de sabiduría y una mejor regulación de sus emociones. Por otra parte, los supuestos de aislamiento social y escasa participación en la vejez también han sido cuestionados; recientes hallazgos han mostrado que las personas mayores poseen vidas sociales activas, disponen de redes de apoyo social funcional, así como de vínculos de elevada intimidad y de contacto frecuente”.
Aspectos positivos en la investigación e intervención
con personas mayores / Claudia J. Arias y Ricardo Iacub

Porota Vida
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