Ficción y realidad: envejecer mujer
La distancia abismal e irreal entre ficción y realidad, entre lo que fue real pero increíble, entre lo que podría haber sido y no fue. Entre lo que fue y tendría que haber sido.
La distancia abismal e irreal entre ficción y realidad, entre lo que fue real pero increíble, entre lo que podría haber sido y no fue. Entre lo que fue y tendría que haber sido.
Vivimos en una sociedad que condena a los viejos a un lugar de pasividad. Su sabiduría muchas veces es ninguneada por la prepotencia de la juventud. Porota indaga en su vida, en sus errores, en las veces en las que aceptó los mandatos sociales y culturales. Los viejos y las viejas todavía tienen mucho para decir y hacer. Quizás sea momento de cerrar los ojos y animarse a bailar.
La vida es una trama, un tejido infinito donde se unen generaciones de personas. Es un lazo invisible, una red que atraviesa años, historias, pasado y futuro.
Porota visita la casa de Pascual. En sus paredes pueden verse los recuerdos de los días pasados, puede oler las comidas, escuchar las risas, sentir en el cuerpo y en la piel las experiencias vividas. Esta columna habla, lisa y llanamente, de la VIDA.
Porota realiza una serie de reflexiones en torno a cómo ve la sociedad a las personas de la tercera edad, cómo las etiquetan y encasillan. Una serie de ejemplos bastan como muestra.
Algunas reflexiones en torno a lo que hacen los abuelos y abuelas con sus nietos y nietas.
Porota reflexiona sobre uno de los grandes temas de la vida: la muerte. La sabiduría de los años le permite amigarse con un final que es inevitable y se propone vivir pensando en la vida en vez de vivir pensando en la muerte.
¿Cuáles son las barreras invisibles que nos impiden ver la belleza de la vejez? ¿Qué miedos se esconden en la mirada hacia los rostros arrugados, a la lentitud en el andar, a los viejos de la vida? Porota nos invita a visibilizar lo invisible, a ver más allá de lo que se ve, a envejecer aprendiendo.
El período de vacaciones permite a Porota pasar más tiempo con uno de sus nietos. La lectura de un cuento infantil dispara distintas sensaciones sobre el rol de ella como abuela y la importancia de ese vínculo que va de a tres: Abuela, hija, nieto. Porota nos invita a mirarnos transversalmente.
El año se termina, no queda NADA para que el número cambie por otro. Se imponen reflexiones. Porota mira hacia atrás, y ve a la mujer que ya no es, esta vez, sin angustias, sin dolor, entendiendo que muchos de los “no soy” la ayudaron a llegar a esta mujer que es hoy. “Hoy, en el ocaso del año, llego a estas páginas con un gran tesoro: mi deseo genuino de ser protagonista de mi historia. Hoy, llego a estas páginas, agradecida”.