Jaque mate a la cultura viejista
¿Cómo encontrar un lugar apropiado para ejercer nuestra vejez sin caer en los lugares asignados que lo único que hacen es reproducir un prejuicio? Romper estos estereotipos es un camino largo pero necesario.
¿Cómo encontrar un lugar apropiado para ejercer nuestra vejez sin caer en los lugares asignados que lo único que hacen es reproducir un prejuicio? Romper estos estereotipos es un camino largo pero necesario.
El Congreso de la Nación aprobó la adhesión a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Este paso (importante, sin dudas) nos advierte acerca de la importancia cotidiana de reivindicar estos derechos que deberían ser naturales y nacer desde el raciocinio y el sentido común.
¿Qué sentidos se le ponen en la mochila a la palabra “vieja o viejo”? ¿Qué valores se le atribuyen a las personas de la tercera edad? ¿Tan hermoso es ser joven y tan deprimente es ser viejo? “Cada etapa tiene sus encantos y desencantos. Ninguna es tan idílica o desagradable. Todas conllevan sus desafíos. Muchas veces nos perdemos en el enojo de no haber aprovechado la juventud del modo en que nos hubiese gustado. Y en ese enojo, nos olvidamos que lo único que nos pertenece es el presente, que nunca es tarde, que hoy con mayor conciencia podemos hacer y deshacer a gusto y antojo.”
¿Qué pasa con el deseo en la vejez? ¿Adónde queda el erotismo, el deseo, la imaginación, la fantasía? ¿Desaparece o queda oculto? ¿En qué momento se cruza el amor? Porota se pregunta todo esto mientras sigue en su camino, lento y seguro, de desempoderamiento.
Un encuentro con otras y otros despierta en Porota la convicción de seguir en el camino iniciado recientemente: el del redescubrimiento. “Hace un par de años que me estoy animando a vivir de un modo diferente, a cuestionar mis axiomas, a reencontrarme con esa que quise ser”… Dale, Porota, que nunca es tarde.
¿Qué pasa con los tiempos de la vejez en la era del doble click, de la instantaneidad, de la fugacidad? Los viejos y viejas no están exentos a la rapidez de las cosas. Porota se ve corriendo de un lado para el otro y decide poner una pausa y contemplar, contemplarse, conquistar el silencio y respirar.
Porota nos propone una serie de acciones que, a la luz de la vida alocada que llevamos, parecen gigantes, pero son tan pequeños, como un suspiro o el olor a lluvia.
¿Qué pasa cuando la vejez choca contra quienes todavía no se sienten viejos? No hay que plantear una dicotomía entre juventud y vejez sino integrar saberes y experiencias entre las islas y formar un continente de amor.
La distancia abismal e irreal entre ficción y realidad, entre lo que fue real pero increíble, entre lo que podría haber sido y no fue. Entre lo que fue y tendría que haber sido.
Vivimos en una sociedad que condena a los viejos a un lugar de pasividad. Su sabiduría muchas veces es ninguneada por la prepotencia de la juventud. Porota indaga en su vida, en sus errores, en las veces en las que aceptó los mandatos sociales y culturales. Los viejos y las viejas todavía tienen mucho para decir y hacer. Quizás sea momento de cerrar los ojos y animarse a bailar.